|
Lo que decidimos no hacer
En El rompecabezas de lo que no existe hay una idea que atraviesa muchas de las reflexiones, aunque no siempre se nombre de forma explícita: no todas las piezas faltan porque no estén, algunas faltan porque, consciente o inconscientemente, decidimos no ponerlas. La incoherencia funciona de esa misma manera. No es que no tengas claridad sobre lo que necesitas hacer, es que, por distintas razones —miedo, comodidad, inercia o incluso una falsa sensación de control— eliges dejar esa pieza fuera del lugar que le corresponde.
Lo complejo es que este patrón no se percibe como una decisión, sino como una ausencia. Con el tiempo, empiezas a sentir que algo no encaja, que el resultado no termina de tomar forma, y es fácil caer en la idea de que te falta algo más: más herramientas, más información, más tiempo. Sin embargo, en muchos casos, el rompecabezas no está incompleto; lo que ocurre es que hay piezas que exigen un nivel de honestidad y responsabilidad que no siempre estás dispuesto a asumir en ese momento.
Esa es la conexión: la sensación de desorden no siempre viene de lo que no tienes, sino de lo que estás evitando usar. Y mientras esa evitación se mantenga, el rompecabezas seguirá sin resolverse, no por falta de piezas, sino por falta de decisión para ponerlas donde corresponden.
La disciplina de lo mínimo
Este no es un ejercicio para transformar todo de una vez, ni para imponer una disciplina rígida que termine siendo insostenible. Es, más bien, una invitación a trabajar desde lo mínimo con intención. La propuesta es elegir una sola acción que ya sabes que deberías estar haciendo, y que has venido postergando de manera recurrente. No se trata de lo más grande ni de lo más visible hacia afuera, sino de aquello que, en tu propio criterio, sabes que hace falta para estar más alineado contigo mismo.
Una vez identificada, el siguiente paso es darle estructura. Escríbela de manera concreta, sin ambigüedades, y define con precisión cuándo la vas a realizar. Este punto es clave, porque elimina el espacio de negociación interna que normalmente aparece cuando las decisiones quedan abiertas. A partir de ahí, el compromiso no está en hacerlo perfecto ni en obtener un resultado específico, sino en cumplir con lo que definiste.
Lo importante de este ejercicio no está en la acción en sí misma, sino en lo que representa. Cada vez que te cumples en algo que sabes que es importante, estás reconstruyendo una base que suele pasarse por alto: la confianza en tu propia palabra, y cuando esa base empieza a fortalecerse, cambia la forma en que tomas decisiones, en que ejecutas y en que te relacionas con tus propios objetivos. No porque estés haciendo más, sino porque estás reduciendo la distancia entre lo que sabes y lo que haces.
Siempre es bueno tener cómo contactar a quienes nos pueden ayudar, o simplemente darnos un nuevo punto de vista. Puedes apoyarte en nosotros y consultar todos nuestros recursos.
Descubre mi más reciente libro, el podcast, las meditaciones o únete al canal de WhatsApp.
También puedes suscribirte a nuestra newsletter y te llegará toda nuestra información a tu bandeja de entrada.
Gracias por suscribirte!
Ten un lindo día